CIUDAD DE HIELO




Iba caminando por la calle al volver de su trabajo, cansada y distraída, dándole vueltas a todo lo sucedido durante el día, cuando observó que una anciana acababa de caerse al tropezar con el bordillo de la acera. Al acercarse
a la señora y preguntarle si se encontraba bien, esta se incorporó lentamente y pareció mirarla con cara de asombro, con la expresión de incredulidad propia de un niño. Pasaron unos segundos hasta que le respondió: "Estoy bien hija, gracias, gracias. ¡Es esta reuma mía que no me deja ni andar!, no te preocupes, gracias, gracias". Era reconfortante saber que no había sufrido daño alguno. Le ayudó a levantarse y charló un rato con ella hasta que creyó que ya estaba más tranquila y se despidieron.

Siguió su camino a casa, pero ahora ya no pensaba en lo sucedido durante el día, sino en lo sucedido inmediatamente antes. ¿Cómo era posible que nadie se hubiera detenido a interesarse por la mujer ya mayor que se había caído, de todas las personas que en ese momento iban y venían por la misma calle?, ¿Por qué se detenían a mirar o se parab
an un momento, pero seguían de largo como convenciéndose a sí mismas de que no las necesitaban?.... Era esta la vida que la esperaba a ella cuando fuese mayor...?¿ Caerse en mitad de una calle y que la gente siga su camino como si literalmente nadie la hubiese visto.... ?¿

Qué tristeza, ya no se trataba de respeto hacia las personas mayores, sino de calidad humana, de sentido común, de un diminuto resquicio de sensibilidad en el corazón.... Tanta tecnología, tantos adelantos científicos y médicos, tanto progreso, tantas cosas buenas que en el pasado no existían, sin embargo se estaba olvidando lo más básico y elemental: SENSIBILIDAD.

A cualquiera que se lo contase le diría: "Bah, no es para tanto, para de pensar en ello, es una mujer que se cayó, y punto". Podría tener razón, de no ser por otras tantas situaciones semejantes y dispares que hab
ía visto en muchas ocasiones. Ocasiones que no le gustaba recordar, aunque las tenía muy presentes.

Su ciudad era como un gran conglomerado de cemento, donde se encerraba el corazón de hielo de algunos seres humanos, donde por suerte seguía latiendo el corazón dulce y
sincero de otros.

El hielo del corazón no se derrite con la lluvia,
solo los sentimientos puros y el amor verdadero pueden descongelarlo,
pero no siempre,
pues cuando se ha congelado tanto que ya nada puede afectarle,
corre el riesgo de
seguir ese estado para siempre
y
no despertar jamás de su gélida situación.

Se alegró, se alegró muchísimo, infinitamente, de no pertenecer al camino de los corazones congelados, de las almas indiferentes, de no querer seguir el sendero de los corazones gélidos nunca en su vida, a pesar de estar viviendo por momentos en una CIUDAD DE HIELO.

5 de FEBRERO de 2009


2 comentarios:

Ángeles dijo...

¿Vivimos en "ciudades de hielo"? ¿O son solo imaginaciones y alucinaciones mías?

¿Qué opinais?

Gracias a todos por leerme.
Un abrazo. Ángeles.

Amig@mi@ dijo...

Pues hay dias que pienso que sí, pero a medida que voy adentrandome en los blogs, veo que todavía hay corazones que laten con calor en las ciudades.

me has enganchado con Alejandro Fernandez y tu bienhacer.
Un beso