
Le pareción una locura su proposición. Ella, que hasta hace unos años ni sabía nadar, embarcada en un velero navegando sola con él. Solos los dos. Solos con las olas y con su amor.
Siempre se había caracterizado por su sensatez y su responsabilidad. Cómo iba a dejar ahora de lado su trabajo y pedirse unas vacaciones cuando más agobio había, y para ir a navegar!!. Era una locura. No podía ser. No podía permitírselo, tenía demasiadas obligaciones que atender.
Hace años que no tenía unas vacaciones. Dedicaba casi su vida entera al trabajo. No podía ser. No, era una locura impropia de ella.
Pero... ¿ y por qué no? Bien se merecía unos días de descanso en compañía de la persona que más la había apoyado y ayudado todos estos años. Nunca le había pedido nada y jamás le había fallado. En los momentos más difíciles estuvo siempre a su lado brindándole su cariño y cuidándola.
Se decidió y dejó de lado por un instante todo lo que no fuera su felicidad.
No se arrepintió. Fueron los días más maravillosos de su vida. Se sentía plena, libre, amada, querida. Le sirvió para darse cuenta de que hay que aprovechar cada instante al máximo con las personas que quieres, porque esos instantes perdurarán eternamente en el corazón. Y al fin y al cabo, ¿qué mejor manera de iluminar su trayecto en este mundo que aportar instantes de felicidad al corazón?
Y vosotros,
¿Qué hacéis para aportarle instantes de felicidad a vuestro corazón?
A veces los detalles más pequeños tienen reamente mucha más importancia que las cosas más preciadas en teoría, ¿no creeis?
¡Un beso muy fuerte!
25 de Marzo de 2009